La causa de que no fluya el crédito, en mi opinión, viene de los dos lados: por un lado las empresas y por el otro lado los bancos.
Del lado de las empresas, según encuesta INEGI (más arriba), destacan dos barreras que enfrentan a la hora de buscar financiación bancaria (1) condiciones de acceso difíciles y (2) costo de financiación muy alto.
Por el lado de los bancos, habría que entender su negocio: ellos están para prestar con  la mayor rentabilidad al menor riesgo. Este último es su principal preocupación puesto que el riesgo toma varias formas, o dicho de otra manera el riesgo final es la suma de una serie de riesgos.
·       Principalmente existe el riesgo de asimetría de la información: la información de la que dispone el empresario no es la misma de que la dispone el banco, y no se trata sólo de información contable o fiscal, sino de información financiera en su más amplio aspecto analítico.
·       Los bancos afrontan un dilema: no saben distinguir el malo del bueno. Ellos no conviven con el empresario ni con su empresa, ellos no son socios ni lo serán, por lo tanto esta falta de cercanía añadido a la falta de confianza que ya existe en México entre los agentes económico hace que el banco se “cure en salud” en toda acción que emprenda.
·       Existe también el llamado riesgo moral: aunque se apruebe el crédito el banquero no está seguro de que el empresario no empleará los recursos en otros proyectos distintos de los que ha aplicado y podrían representar una mayor toma de riesgo.
Estos elementos, entre otros, hacen que el banco aplique un principio de prudencia que consiste en extremar los filtros para seleccionar candidatos (o hacer que se auto-excluyan) y lo hace “anteriormente” a que lleguen a solicitarles el financiamiento: endurecen las condiciones de acceso y aumentan la prima de riesgo (costo y tipo de interés). Y sí les funciona: la tasa de morosidad del sector es del 2.8% (frente a los 9.1% de España y parecida a los 2.18% en USA)
Ahora bien, los que han pasado el proceso de aprobación, han dedicado recursos (tiempo, personas, dinero) y han de pagar un interés que probablemente esté por encima de su nivel de riesgo intrínseco. Algo así como “pagan justos por pecadores”.
¿Es malo? Ni es malo, ni es bueno, es un arbitraje, es una elección. Podrían haber elegido endurecer las condiciones (y requisitos) y encarecer el costo “posteriormente” es decir a la hora de analizar caso por caso. Eso les habría salido caro por una sencilla razón, y que es el otro lado de la moneda: las empresas mexicanas, en general y en su mayoría, no tienen cultura financiera y mucho menos información financiera, lo cual es clave a la hora de buscar financiamiento (un derivado lingüístico de la palabra fianzas).
Por lo tanto el comportamiento de los bancos dado los riesgos que prevé, coincide con la percepción (y al final realidad) que enfrentan los empresarios.
Ahora bien, si tratamos de poner estos elementos juntos, tendremos:
        Las empresas formales de +100 empleados sufren una exclusión financiero igual o parecida a las empresas de menor tamaño.
        Las empresas de 31-50 empleados tienen el menor índice de mortandad en sus primeros 10 años.
        Las empresas desearían tener condiciones de acceso al financiamiento más asequibles.
        Las empresas desearían pagar un precio justo
Podemos pensar entonces que dentro de las empresas formales financieramente excluidas hay empresas de calidad, probablemente si mucha cultura financiera, que quieren financiarse a un precio justo, sin embargo ven difícil cumplir con las condiciones de acceso.
Por lo tanto podemos llegar a asumir, la lógica, que si existiera información financiera sólida y transparente (además de la información de identidad, información cualitativa sobre el negocio, su futuro, proyecciones,…) los bancos estarían dispuesto a ajustar la prima de riesgo a un precio cercano a lo justo o por lo menos las reglas del mercado (libre competencia) harán que los bancos ajusten sus precios.
Me he preguntado muchas veces ¿por qué los empresarios son reacios a contratar asesoría financiera para tal propósito? Los dueños de las empresas pequeñas y medianas no ven interés en mantener una información financiera de su negocio, primero porque no sirven para calcular impuestos y segundo no es información obligatorio como la contable. Añadido a estos motivos, contratar el servicio no tendría sentido (aunque debería) para el día-día de su negocio y tampoco lo tendría para preparar información para la contratación de préstamo puesto que el trabajo del asesor no garantiza el éxito.
De ahí que llegamos a una idea #fintech nueva: para que el banco otorgue crédito necesita información financiera y para que el empresario pague un precio justo necesita proveer de información financiera.
Hoy nace el proyecto de SmartCredit: un Marketplace de Peer-to-Peer lending para empresas que se basa en la generación de información financiera, selección de empresas con alto rating y facilitar la financiación en base a una valoración financiera.

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