Antecedente

En un mensaje que empieza con “AHORA ES MAS FACIL” recibo un email de la CFE anunciando la gran noticia de que “¡Ya puedes pagar tu recibo de CFE con tarjeta de débito o crédito en nuestros centros de atención!”. Todo ello reforzado por tres iconos que visualmente me trasmiten las ventajas: cómodo, fácil, seguro por lo que concluyo que la CFE implícitamente está reconociendo que hasta la fecha la modalidad de pago que nos ofrecía era “incómoda”, “complicada” e “insegura”.
Tomando en cuenta que las tarjetas de crédito fueron creadas en el año 1958, que les ha tomado 28 años para llegar a los 50 millones de usuarios, que hoy son el medio de pago más común en nuestro planeta, y que apenas 31 años más tarde la CFE viene de adoptarlo me pregunto ¿Cuándo adoptara la CFE los medios de pagos digitales que hoy existen? Imagínense un Millenial con 20 o 25 años hoy, le llega un mensaje en el año 2048 anunciándole que ¡Ya puede pagar su recibo con Paypal (o Apple Pay o Google Wallet, MobilePay…)!
Esta anécdota, triste realidad en efecto, refleja una vez más lo lejos que estamos de estar en una economía dónde las transacciones sean cómodas, fáciles y seguros gracias a la libertad que nos ofrece el mercado con sus múltiples opciones derivadas de la innovación motivada por la libre competencia.
La administración pública, con sus empresas incluidas, es uno de los frenos que obstaculiza nuestra adopción de las nuevas tecnologías de pago que hoy en día abundan y que México es uno de sus más activos innovadores en Latino América. Por lo tanto es una de las barreras para afirmar nuestra “libre elección”, llegaría a pensar que es un factor de coacción que nos impide tener alternativas al pago en efectivo.

El Cashless como innegable alternativa cómoda, simple y segura.

Mientras existan las monedas y los billetes, el dinero necesitará siempre un punto de colección, un lugar seguro y fiable dónde se puedan depositar y de donde se pueden retirar en caso de necesidad. Por ello existen los bancos con sus redes de sucursales, y con su especial mandato de ser depositarios de nuestros ahorros.
A partir de ahí el dinero pasa a ser escritural, pasa al mundo virtual y se convierte en un saldo asociado a un número de cuenta, y se va manteniendo en este mundo viajando por sus entrañas las veces que sean necesarias pasando de cuentas en cuentas dando vueltas que satisfacen nuestras necesidades de consumo, de remesas, de ahorro o de inversión: lo sometemos al azote de las transacciones electrónicas mientras los bancos vayan ejecutando nuestros deseos, actualizando los saldos y poniendo a nuestra disposición un mínimo de información en contraparte de una comisión, interés o cualquier otro concepto que consideren justo cobrarnos para justificar su labor, mantener su pesada estructura y compensar a sus múltiplos intermediarios y corresponsales.
Estando el dinero en esta enorme MATRIX virtual, uno pensaría que lo lógico es que tendría que adoptar la velocidad de la luz, y sin embargo la realidad nos demuestra todo lo contrario de lo que nuestra lógica, acertada, nos dice y no entendemos porque una transferencia electrónica local podría tardar unas cuantas horas o inclusive media hora en el mejor de los casos. Tampoco entendemos porque una transferencia electrónica entre dos países puede tomarle a la poderosa MATRIX unos tres días hábiles, un par de días o inclusive un día en el caso más óptimo.
Y uno se pregunta ¿Cuál es el milagro detrás de la inmediatez de las transferencias de Bitcoin (o cualquier otra criptodivisa)? Los especialistas te lo pueden justificar, los banqueros pueden defender su modelo, pero el caso Bitcoin nos demuestra que por algún motivo oculto el sistema bancario se está burlando de nuestra inteligencia (algo ofensivo para los Millenials por cierto), está en desfase con el mundo en el que vivimos pero sobre todo está defendiendo, hoy, lo indefendible: un sistema de pagos tan agotado (y viejo) como sus largos 150 años de existencia obsoleto y desactualizado.
Este descuadre entre nuestra lógica y la realidad es cada vez más incomprensible sobre todo que hoy estamos más (¿mal?) acostumbrados que nunca a la inmediatez que ofrecen las nuevas tecnologías, a la facilidad de uso que nos permite ahorrar nuestro tiempo, a la creciente interconectabilidad que nos brinda internet y pensamos ¿en qué mundo entonces viven nuestros bancos? ¿Están ahí al día con lo que está pasando? ¿Se dan cuenta de que nuestros hábitos se están transformando? Y las preguntas no nos surgen por espíritu filosófico sino por la utilidad que estamos experimentando y que nos gusta, nos aporta valor y por ello la adoptamos rápidamente, tanto que a veces se vuelve la regla para nosotros pero nos damos cuenta que para nuestros banco sigue siendo la excepción.

Realidad de hoy

El radar fintech-méxico de Finnovista nos revela que (1) México es el país con mayor mercado fintech en latino américa con 158 startups frente a los 56 de Chile (2) el área de pagos y remesas es el área de mayor concentración con 25% del panorama fintech (3) que ha crecido al ritmo de 34% en el último año (4) con 39 startups que están cambiando el panorama en México.
La tendencia hacia el mundo “Cashless” es una realidad en cuando a la innovación, pero es otra realidad en cuando a la adopción y no me refiero a la adopción por parte de los usuarios que reciben estas herramientas con mucho entusiasmo y optimismo puesto que les permite no solo ahorrar tiempo en sus gestiones relacionado con pagos y remesas pero también estar a salvo de todo tipo de inseguridad que rodean el manejo del efectivo. De paso nos confirma que sí podemos elegir, que somos libres, que el mercado tiene mecanismos válidos para fomentar alternativas que hacen de él algo parecido a lo perfecto.
Muchos comercios en México prefieren cobrar sus productos y servicios en efectivo, tanto es así la preferencia que es muy común el famoso pseudo-disclaimer “sólo pago en efectivo”. La administración pública también es otra de las promotoras del efectivo. Nos induce, anima y obliga en muchos casos a llevarnos los fajos para pagar sus servicios y multas. Por lo tanto reducen nuestras opciones, limitan nuestra libertad y coacciones nuestra elección en un mercado dónde, por lo menos en los medios de pagos, abundan las alternativas.
La adopción tiene que ir pareja y es esfuerzo que tienen que hacer entre todos: el usuario final, el sistema bancario, las administraciones públicas y los comerciantes.
Las fintech gracias a sus innovaciones, han encontrado, en cada una de ellas y cada una a su manera, el incentivo para que el consumidor o usuario final encuentre esta beneficio marginal por el cual paga el precio necesario. Decía Friedman que la base de un mercado libre es el acuerdo voluntario entre la partes.
Pero ¿Cuál tendría que ser el incentivo para las tesorería federales, estatales y locales nos den la libertad de paga con el medo que elegimos? ¿Cuál tendría que ser el incentivo para los comercios del sector privado? ¿Cómo pueden las Fintech innovar en este sentido para sumar a estos auto-excluidos?
Quiero saludar el esfuerzo de todas las fintech Mexicanas en el área de pagos y remesas que están inventando y re-diseñando nuestra manera de hacer pagos, pero sobre todo quiero saludar su perseverancia en innovar a pesar de un mercado que aún tiene factores de coacción tanto en el sector privado como el sector público, y que a pesar de ello están contribuyendo en el diseño de unos hábitos que en unos cuantos años muchas entidades e instituciones se darán cuenta de su existencia; entonces nos mandarán sus comunicados anunciando que ¡Ya se puede pagar con @srpago @netpay @conekta @openpay @payme @lemando @clip_mx @pagofacil…!
“Hay una fuerza motriz más fuerte que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”. A.Einstein
W.H

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